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Los Factores de Riesgo, un asunto difícil de “manejar”
Autor: Dr. Daniel Flichtentrei.
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Imagine por un instante a un conductor de automóviles que circulara por la ciudad a alta velocidad, violando las normas de tránsito, con los neumáticos en mal estado, pocos frenos, sin usar cinturón de seguridad y sin que ninguna de estas cuestiones le llame la atención ya que se encuentra absolutamente concentrado en problemas mucho más importantes de su vida cotidiana.

¿En qué consiste el problema que seguramente Ud. percibe respecto del comportamiento de nuestro imprudente conductor?.
¿Ha sufrido un accidente?
¿Su comportamiento le ha acarreado alguna consecuencia concreta?
¿Su desaprensión constituye un problema cuyas secuelas sean “visibles” mientras se llevan a cabo, es decir, producen alguna manifestación palpable al momento de ejecutarse?.

Seguramente coincidiremos en que lo más grave que a este conductor le ocurre es algo que aún no ha sucedido, una potencialidad futura pero inminente e impredecible. Algo que, no estando al momento en que los hechos suceden, sin embargo los sobrevuelan como una sombra amenazante y premonitoria. La presencia de estas circunstancias anuncia el accidente.
En síntesis, aquello de lo que estamos hablando es: el Riesgo, la posibilidad de que algo no deseado ocurra en un tiempo futuro sin saber con precisión cuando podrá suceder. 2
Si analizamos cada uno de los elementos de ese comportamiento nos enfrentaremos a un conjunto de situaciones que, por sí mismas, son capaces de incrementar el riesgo del que hablábamos. Del mismo modo, resulta evidente que la suma de circunstancias riesgosas incrementa esa posibilidad de sufrir consecuencias graves, multiplicando el riesgo individual.
La particularidad de esta situación radica en que las consecuencias de esas conductas solo se hacen visibles una vez acaecidas, permaneciendo hasta ese momento bajo la forma de una “alta posibilidad” a concretarse. Esto implica que se requiere de una actitud de toma de conciencia del futuro probable, muy difícil de realizar si estamos distraídos en esas otras cosas: “tan importantes” de nuestra vida cotidiana.
Es probable que si el temido accidente se produce, (y el conductor lo sobrevive), aparezcan entonces en su conciencia, (lamentablemente, sólo entonces), la idea de la imprudencia y el descontrol con que se manejaba en las calles.

REDUCIR LOS RIESGOS

Este ejemplo nos sirve para introducirnos en el tema de los Factores de Riesgo
Cardiovascular para aproximarnos al concepto central de aquello que los constituye.
La medicina ha logrado identificar algunas circunstancias clínicas que facilitan la aparición de las tan temidas enfermedades cardiovasculares. A esos factores que anticipan la enfermedad alimentando los mecanismos que las producen los llamamos: Factores de Riesgo.
Las investigaciones han mostrado que la presencia de estas condiciones previas a la enfermedad manifiesta incrementan de modo asombroso la posibilidad de padecer algún evento vascular cardíaco o cerebral. Pero, afortunadamente han demostrado también que la acción programada y sistemática sobre estos condicionantes es capaz de evitar la enfermedad, al menos en una gran proporción de los casos.


UNA CLASIFICACION UTIL

Para tener un panorama más claro los factores de riesgo pueden clasificarse en dos grandes grupos de acuerdo a estas observaciones: modificables y no modificables. Veamos el cuadro

MODIFICABLES NO MODIFICABLES
Sobrepeso Edad
Sedentarismo Sexo
Hipertensión Arterial Antecedentes hereditarios
Colesterol elevado  
Stress  
Diabetes  
Tabaquismo  

Cada uno de estos elementos es capaz por sí mismo de favorecer la aparición de las enfermedades mencionadas es por ello que se dice que son predictores independientes de la patología cardiovascular. Sin embargo no podemos dejar de mencionar que es habitual que coexistan varios en un individuo particular conformando una verdadera trama o red que, interactuando y modulándose recíprocamente potencia el riesgo aludido. Conforman el suelo fértil para el desarrollo de una entidad que afecta a los vasos arteriales de algunos territorios particularmente susceptibles de padecerla: la ateroesclerosis.
Sus manifestaciones dependerán del sector arterial afectado pero son sus escenarios más frecuentes: os del cerebro, corazón y riñones. En todos los casos esta patología involucrará en mayor o menor medida la irrigación y por lo tanto el aporte de oxígeno y otros nutrientes a órganos vitales para el mantenimiento de la vida. Del tipo y grado de sufrimiento de estos territorios afectados por el déficit circulatorio dependerán la magnitud de los síntomas y complicaciones que sufra el paciente.

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